Cosas conocidas de un tal Tales y un desconocido, húmedo secreto

Escritos de las cinco de la mañana

132. Cosas conocidas de un tal Tales y un desconocido, húmedo secreto

 

No se sabe por qué, pero hoy para los Escritos, me dio por hurgar en los clásicos de Gredos y, tomando el de los presocráticos en el capítulo de Tales, me dio por leer y fabular con el siguiente resultado:

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Thales_of_MiletusEl milesio Tales, hijo de Examio y Cleobulina, pero fenicio según dice Heródoto, nació antes de Creso durante la Olimpíada 34ª (640-637 a. C.). Según Flegonte, era conocido ya en la 7ª (752-749 a. C.)… Murió viejo, mientras presenciaba un certamen gimnástico, aplastado por la multitud y agobiado por el calor.

Después de excusarse por su vejez y por su enfermedad, Tales exhortó a Pitágoras a navegar hacia Egipto y a frecuentar lo más posible, en Memfis y en Dióspolis, a los sacerdotes de esos lugares. En efecto, al lado de ellos él mismo había sido provisto de aquellas cosas gracias a las cuales era tenido por sabio por muchos.

Se dice que Tales, mientras estudiaba los astros… y miraba hacia arriba, cayó en un pozo, y que una bonita y graciosa criada tracia se burló de que quisiera conocer las cosas del cielo y no advirtiera las que tenía junto a sus pies, contó Platón.

Y Aristóteles recordó, o inventó que, a pesar de que lo injuriaban por su pobreza y por la inutilidad de la filosofía, gracias a sus conocimientos astronómicos, Tales pudo saber cómo sería la cosecha de aceitunas. Así, cuando era aún invierno y tenía un poco de dinero, tomó mediante fianza todas las prensas de aceite de Mileto y de Quíos, arrendándolas por muy poco, pues no había competencia. Cuando llegó la oportunidad y todos a la vez buscaban prensas, las alquiló como quería, juntando mucho dinero, para demostrar qué fácil resulta a los filósofos enriquecerse cuando quieren hacerlo.

***

Tales-de-MiletoPero lo de los sueños no lo dijo Heródoto, ni lo refirieron Platón o Sócrates; nada consigna Jámblico al respecto. Pasemos pues a, por primera vez, contarlo: se dice que todas las noches soñaba con agua; con el mar y el Nilo; con vasijas llenas y cráteras que una mano invisible derramaba al pie de los olivos. Arrastrado por las vívidas imágenes, terminaba Tales mojando su lecho. Situación enojosa a largo plazo pues, con la repetición del vergonzoso efecto, acabó su casa apestando a orines, para disgusto y mofa de la grácil criadita tracia que todo le reprochaba. El agua era, en efecto, el principio de todas las cosas y mejor mojar el lecho que ser un cadáver quieto y seco. Con el tiempo aprendió a soñar con el agua contenida, ya no había manos que la derramaran y evitaba los paisajes oníricos donde hubiese ríos. El Tales de los sueños aprendió a cubrir sus oídos en cuanto escuchaba el rumor del agua corriente (canto de Sirenas que le acarreaba sin remedio el húmedo castigo).

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Marti Lelis

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