El arco y las cuerdas

Esto es una cuestión guerrillera, un entretejerse en las palabras que van saliendo de la cabeza para formarse en la página que las ha de encajonar; guerrilla urbana, cuadra por cuadra, de la estancia a la cocina, de la alcoba al cuarto de visitas, del osito de peluche a las cartas que no escribiste porque ya nadie escribe cartas, de tus ojos a mi corazón que te entrego letra a letra en sucesión subvertida, divertida.

El violoncelloTe escribo esto para que tengas esperanzas y sonrisas, para que no canten los funestos, los dueños del silencio que decía Alejandra (la Alejandra que tú sabes). Eres mi guía, soy tu guía, no cabe la tristeza en la cabina de la nave que nos está llevando. Date cuenta de que esto no es un cuento, pero que, si digo que lo es, lo es, es un cuento; si me da la gana, lo vuelvo novela; sobre todo, siempre poema, porque, ya lo sabes: los poemas me resultan inevitables, aunque por fuera lleven la odiosa etiqueta de otro género. En fin, lo que quiero decir es que así de grande es la magia que puedo cuando estás (acepto que me digas que, sin mí, estas cosas no se dirían, de acuerdo, soy el instrumento, pero tú eres mi caja de resonancia, el arco y las cuerdas).

***

Marti Lelis / De Cosas para Irlanda

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