El viejo sabía*

maniquies-2Tres bocas se besan; seis brazos se abrazan; tres lenguas se tocan y lamen seis pechos endurecidos; seis ojos se ponen en blanco. Los seis oídos, que habían escuchado tres gemidos placenteros, ahora escuchan pasos en el pasillo y un tintineo de llaves. Dos pies se adelantan, sucesivos, con premura hacia la puerta; una pupila insomne ve por la mirilla: hay cuatro cabezas pequeñas del otro lado. “¡Ya vinieron!”, pronuncia la boca, sin ruido. Dos ceños se fruncen, seis ojos-azules están desorbitados, manos tapan boca, buscan medias, faldas, más rápido, conjuntos pasados de moda, y ya los dedos meten la llave y la giran, sostenes tapan pechos y pelucas cubren calvas y tres cuerpos se aquietan bajo la ropa, frente al espejo, justo cuando la puerta ya está abierta.

Entran el sastre viejo y tres hombres fornidos. La mano artrítica, nudosa, aprieta los billetes. Detrás del aumento excesivo de las gafas, los ojos del anciano están empañados: tres cargadores se llevan para siempre a sus tres maniquíes.

***

Marti Lelis

*Texto publicado en la revista Punto en línea (UNAM): El viejo sabía

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