Mini-Taller para amar a una mujer

Marti Lelis

Sesión primera

Ama primero lo pequeño, lo que parece insignificante. Si tienes una planta, conócela, dale agua, dale luz, acaricia sus hojas. Mírala y mímala todos los días, hasta que sepas dónde y cuándo le brotarán hojas nuevas. Contempla el milagro de adivinar sus flores, de olerlas antes del capullo. Siente la tierra en la que hunde sus raíces.

Calma tu ansiedad adoptando a todos los caracoles de los jardines. Si no tienes uno en casa, llévalo a casa. Piensa lo que sentirá al cargar todos los días con su carapacho, al retraerse húmedo y lento en su laberinto para aguardar el clima fresco, las gotas de rocío que recogerá con su cuerpo.

Ama lo animado y lo inanimado. Prueba a sentir amor por los objetos. ¿Eres capaz de amar un objeto? Una llave, un libro, una figurilla de barro, tú sabrás qué, pero intenta con todo. Ponte a prueba.

***

Sesión segunda

Si ya has logrado amar lo muy pequeño, lo animado y lo inanimado, ahora puedes agregar el intento de amar lo muy grande y lo infinito. También practica amando lo inexistente, lo en apariencia negativo, amar, por decir algo, el silencio. ¿Lo escuchas en los huecos de la música? ¿En lo que no has escrito? Escribe siempre a doble espacio y mira después entre las líneas la ausencia.  Ama lo que no tiene nombre, ámalo a rabiar, no le digas luz o firmamento, no le digas aire; resiste a la tentación de nombrarlo, todo lo posible, resiste, ama. Al salir a caminar, mira desde tu ciudad la montaña y el cielo (el fondo de la mar de aire donde absurdos peces nos movemos), y ama tu oportunidad en la Tierra.

***

Sesión tercera

Has llegado a la última sesión.

Lograste amar lo pequeño y lo grande, lo animado y lo inanimado, plantas, rocas; lo lograste con lo existente y lo inexistente. Tal vez llegaste a amar definiciones y conceptos, la sucesión breve de palabras alineadas, su querer decirte imágenes e historias, quizás. Y en el camino amaste un libro y el amor se te volvió amar el alma que escribió el libro, porque los libros tienen alma.

Amar a una mujer es la última etapa, es amar a otra alma con la tuya recobrada después de amarlo todo (si pusiste en práctica las primeras dos sesiones).

Ahora muéstrale cómo amar las vetas de la madera, la espiral de los caracoles, el viejo aroma de los libros, las imágenes dispersas en palabras. Muéstrale lo que aprendiste viendo la transformación de las orugas, lo que sabes. Préstale tus ojos, la huella digital de tu mirada. Dale besos, pero también dale mundos, tú sabes cómo, tú que amaste el silencio y la nada, la soledad y la compañía; tú, que sabes de lágrimas dulces y amargas. Dale caricias, tú, que aprendiste que los cuerpos son interfaces con el mundo y con el otro y duran poco, están un segundo y luego son memorias. Dile los mundos, dale los mundos, comparte con ella el secreto de las palabras.

Hay más, esto no acaba, pero si haces lo dicho es que la amas.

Si pierdes el camino, vuelve sobre tus pasos: ama primero lo pequeño, lo insignificante que dijimos en la Sesión primera.

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