¿Todos escribimos novela negra? Nuestra leve transgresión.

Escritos de las cinco de la mañana #137

¿Todos escribimos novela negra? Nuestra leve transgresión.

Marti Lelis

Veamos qué dice Mariano Sánchez Soler, en el primero de diez enunciados, acerca de cómo se escribe novela negra:

«1. La búsqueda de la verdad. Si el objetivo de cualquier aventura, de cualquier creación artística, es la búsqueda de la verdad (y, si no, que se lo pregunten al hidalgo Alonso Quijano), la novela negra es la expresión más nítida de esta indagación literaria. Su objeto narrativo nace de la necesidad de desvelar un hecho oculto/misterioso que nos mantiene sobre ascuas. A través de sus páginas, el autor se propone, además, desentrañar el impulso escondido que mueve a los personajes y que justifica la existencia del relato desde el principio al fin».

La palabra implícita es “crimen”, delito, quebrantar la ley. Ahora leamos lo anterior quitando la expresión “novela negra”. Quitando “búsqueda de la verdad” y remplazándola por “explorar en la vida”. Si no hay crimen y no buscamos la verdad: ¿qué nos impulsa a la creación literaria? ¿En realidad buscamos algo? ¿No será el puro instinto de crear mundos posibles para insertarlos en una realidad que no nos agrada? Más allá del pecado original —que ya está resuelto y castigado—, ¿tiene la humanidad (occidental) otro crimen por resolver? La sospecha de que se ha quebrantado una ley que no conocemos nos lleva a la doble indagatoria: ley y delito.

Inventamos las leyes porque algo sucedió que alteró la vida en sociedad y debe ser castigado para que no se repita. En lo individual, en cambio, la vida nos resulta insuficiente y por eso el arte, como un intento de saciar la inconformidad y, a veces, comunicarlo al resto de la tribu: relato oral alrededor de la fogata, dibujar bisontes en las paredes de la cueva, escribir en tablillas, en papiro, en pergamino; la imprenta, el autor, la figura del artista, el libro que se vuelve mercancía, el capitalismo, la vanidad: largo camino para caer en cuenta de que se busca la permanencia, transgredir la fugacidad de la vida, la ley universal de que lo vivo tiene caducidad. Burlar como Sísifo a la muerte, encadenarla, postergarla, abolirla: por el momento la respuesta está en el otro, quedarse en la memoria de las generaciones venideras es nuestro frágil consuelo, nuestra leve transgresión.

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