Construyendo Tlaxcala: ciudad de palabras; ciudad de papel

Construyendo Tlaxcala: ciudad de palabras; ciudad de papel

No sé cuánto tiempo tardé en construir la ciudad. Entonces tenía 7 años y por algún lugar debía empezar. “Tlaxcala”, era el nombre. Y los nombres, cuando eres niño, la mayor parte de las veces los aceptas sin chistar. De manera que ahora vivía en Tlaxcala, pero para vivir en un lado lo tienes que mapear en la mente. Mis padres rentaron una vivienda de vecindad en los Portales, justo donde ahora son las oficinas del Ayuntamiento. Tlaxcala era entonces un portón grande de madera y un pasillo largo para llegar a casa. Un pasillo más estrecho para llegar al fondo, donde había una puerta de metal con candado. Del otro lado, un jardín que me parecía enorme y tentador: había árboles de zarzamora, pero no había manera de pasar al otro lado. Tlaxcala era un pasillo largo y estrecho con un jardín prohibido al final. Avenida Juárez, los arcos de los portales y un parque grandísimo al otro lado de la calle, el centro de la ciudad: quiosco y árboles.

Portales-4

A partir del centro, muchos años después, fue donde a Tlaxcala la comencé a convertir en una ciudad de papel (y a veces ni eso: simple palabra en un documento electrónico de la computadora). Había que desrealizar la ciudad, desmontarla, transfigurarla; apropiarse de ella para beneficio de la ficción; apropiarse de ella para que no suene vacío decir “mi ciudad”.

En algún momento de la ficción la ciudad recuperará su nombre original y entonces cobrará otra dimensión. Será y no será Tlaxcala, la capital. Cuando alguien es creador de ficciones, escribir los nombres de las cosas y los lugares no es cuestión que se deba tomar a la ligera. Pero uno es siempre todo lo que vivió y recuerda, lo que imaginó. A la ciudad la construimos con palabras, o la ignoramos (simple escenario). Tlaxcala comenzó como un árbol de zarzamora al final de un pasillo, en un jardín que ahora sólo existe en estas palabras y en la memoria que me queda para volverla de papel.

***

Marti Lelis / Memorias del medio siglo

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