¿Dónde chingados es Tlaxcallan?

¿Dónde chingados es Tlaxcallan?

Marti Lelis

¿Lo de la mano…? Eran los sueños de un viejo loco que escribía. Verla, así como en realidad ver la mano, pus no. Nadie la vio. Lo tenía todo escrito en hojas sueltas. Sí. Desparramadas por toda la casa. Yo sí leí una. En el baño. Fíjese: hasta en el baño hojas. Sí, en el baño. Y no eran para limpiarse. ¿Qué es eso de prosaico? Entonces, le decía, yo fui a dejarle a su casa la comida del día porque tampoco somos beneficencia y el padre Román se hace bien pendejo, para estas cosas habría de servir la limosna, y lo que cobra, uy, lo que cobra por las bautizadas, pero eso sí, anda en su Harley. No aquí, en Santa Cecilia. Le digo que se hace, pero no es tan pendejo o al menos le da un poco de vergüenza como para andar en San Juan paseando a las chamacas, sólo eso nos faltaba. Pero lo que es Santa Cecilia, allá le guardan la Harley y se va en camión, muy decente. ¿Me distraigo? Ah, sí. Le decía del papel en el baño, de la hoja escrita.

Pus nada, que agarro y que empiezo a leer porque me dio pena sacar el celular en baño ajeno y leo el papel y todo lleno de la mano y la mano, de eso me acuerdo y del nombre, Fátima. Fátima esto y lo otro, Fátima es la mano. Me gusta el nombre. ¿La leyenda? ¿Cuál leyenda? Ah, seguro de ahí la bautizó. Sí la he visto. Las venden en la plaza. Bonita con el ojo en la palma. A mí me da miedo. Pero esta Fátima no decía que tuviera ojo. La cosa es que la mano en toda la hoja. No porque escriba o escribiera, sino por su dale y dale a mentar la mano, por eso dije “a éste le patina”, loco, sí. ¿Obsesión? ¿Escritor? Si usted le quiere decir así, seguro, artista. Pinche viejito.

Fátima-1Y luego salgo del baño y miro todo el reguero de papeles donde seguro la mano y más de la mano, sí, Fátima. Eso lo pensé de rápido porque la verdad sí me dio más miedo que curiosidad, además la hoja la hice pelota y me la guardé aquí mero, ¿cómo ve? Ni cuenta se ha de haber dado, porque eso sí, es muy educado y nunca le descubrí de esas miradas, ya ve que ahora todo mundo es acosador o fue, sí, que se pudran los malditos. Usted también es educado. Ay, a veces me gusta que me miren un poquito, no le miento. ¿Me distraigo? Perdóneme. Le decía, que me guardo la hoja aquí, ¿ya vio?, para leerla después, pero no sé qué le hice. Si la encuentro le mando un whatsapo, no es que quiera su teléfono, pero me gusta cooperar y a veces me aburro.

Me distraigo, pero no, no me acuerdo qué decía, por ahí la debo tener guardada porque dije “en la noche la leo”. Claro, yo la busco. ¿Va a estar mucho tiempo en San Juan? Ah, bueno. Cuando guste, mire, mejor le doy mi número. Usted es muy educado, sí, profesional. ¿Otras personas? No que me acuerde ahorita, pero le mando mensajito.

No entendí: ¿usted es judicial o reportero? ¿Escritor? Ay, perdón. No todos están locos, señor Martí. ¿Marti, sin acento? El otro era Martí, el de la rosa blanca, bien que me acuerdo, de la primaria. Ay, los poetas. Sí. En eso quedamos. No crea que soy mensa. Bonita tarde. Vaya al parque. El pinche viejito, si no estaba en su casa, estaba mirando la fuente en el parque. ¿En Tlaxcallan? No. No sé. ¿Dónde chingados queda eso? Sí, sí. Luego me dice. Buena tarde. Ya, ya me voy. El gusto es mío.

***

[Fragmento de novela]

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