El miedo nos vino después

EL miedo nos vino después

 

A Yaritza, catrina en 2017

A don Alejandro, el Güero, quien esperaba este cuento

 

Marti Lelis

 

Uno se acostumbra a todo: a lo cara que está la vida, a la basura que dejan en los salones los muchachos, a destapar los inodoros, a levantarse temprano para llegar a hacer el aseo de las oficinas en la Facultad.

Vemos con gusto que se conservan las tradiciones. Noviembre inicia con el Día de Muertos y se celebra en todo México, en las casas, en los panteones, en las escuelas, también en la Universidad. Aquí en la Facultad se celebra el Festival de la Muerte el fin de semana previo al dos de noviembre. Vienen escritores de todo el país, dan sus conferencias y hay música y flores de cempasúchil y tapetes de aserrín coloreado. Los estudiantes de Literatura llenan el estacionamiento de ofrendas, muchos pétalos anaranjados y paja, tierra para simular tumbas, papeles picados de colores. Claro que uno tiene que limpiar cuando acaba el Festival, barrer todo el aserrín y la paja, quitar los adornos de las paredes y los barandales. Da lástima barrer los tapetes, pero para eso son, para no durar; mientras los hacen, y antes de que los invitados caminen sobre ellos, verlos nos llena los ojos de alegría por tanto color.

Yo tengo casi treinta años trabajando aquí. Me acuerdo de que, los primeros dos años, me quejaba de estas fechas porque había que limpiar, barrer y barrer. Por eso entiendo al nuevo conserje, su cara de enojo porque este año ha estado más pesado lo de la limpieza. Le cuento lo del año pasado para ver si así se deja de quejar o por lo menos se le pasa más rápido el tiempo.

En cada Festival, le digo, una estudiante viene disfrazada de Catrina, de la Muerte mexicana, colorida en su traje típico, la cara maquillada para simular una calavera. Todos se toman fotos con ella, sobre todo los funcionarios que inauguran el Festival. El año pasado sucedió que llegó la Catrina, la más bella Muerte que se había visto en muchos años. Yo no me fijo mucho en esos detalles porque me toca ver que no falten cosas del servicio o del auditorio. Por eso, cuando me preguntaron en repetidas ocasiones si sabía quién era la Catrina de ese año, no supe qué responder. Me preguntaron los maestros, los reporteros, los conferencistas, pero no, no supe qué responder.

Nadie sabía quién era la Catrina. El disfraz y el maquillaje eran muy buenos. Todos la vimos. Hasta yo salí en una foto con la Muerte, y supe que el Rector de la Universidad la felicitó. Nadie recuerda haber hablado con ella durante los tres días del Festival. Yo, que siempre llego tempranísimo, recuerdo que siempre estaba ahí antes que nadie, paseándose por los pasillos, como revisando los adornos de flores, lista para tomarse fotos con quien quisiera.

Pero ese año la Muerte no habló. Y claro, pensamos que estar muda era parte de representar su papel. Sonreía, pero ni una palabra. Todos estábamos tan ocupados que, al segundo día, ya no le pusimos atención. La veíamos en el auditorio, inclusive en las mesas de los conferencistas, a un lado de la ofrenda principal. La tarde del viernes, cuando se declaró clausurado el Festival, la Muerte estaba a un lado del presídium.

Ahora digo que, cuando la vi, sentí escalofrío y recordé que los días anteriores también. Lo cuento así, porque así me dijeron después los que también la vieron durante esos días. Había en ella algo trágico y bello a la vez. Ahora nadie quiere recordar, cambian de conversación y parecen más nerviosos a medida que se acerca un nuevo noviembre. La tradición permanecerá, ni duda cabe. El miedo nos vino después, cuando nos dimos cuenta de que la Muerte anduvo entre nosotros mientras se desarrollaba el Festival.

Los demás se comenzaron a enterar el mismo viernes por la noche, yo no porque no me gusta eso de las redes. Sábado y domingo los pasé como si nada. Pero el lunes, al llegar a barrer los salones, vi los avisos pegados en las paredes. “Desaparecida”. Los debieron de haber puesto el sábado. Toda la semana fue ver caras compungidas, nadie sonreía. Y así se nos fue pasando el año. A todo nos acostumbramos.

“Ya se acerca noviembre otra vez: es seguro que no pondrán su foto en la ofrenda”, le digo al nuevo conserje, “por respeto y por no perder la esperanza de que aparezca. No faltará la Catrina de este año, todos la estaremos cuidando”.

“Está bueno su cuento”, me dice el nuevo, “pero estos cabrones muchachos siempre dejan mucha basura, aunque no sea Día de Muertos”.

Catrina

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s