Del sueño en que caemos hacia la cama. La hiperrealidad y el Ouroboros

ESCRITOS DE LAS CINCO DE LA MAÑANA #152

Del sueño en que caemos hacia la cama. La hiperrealidad y el Ouroboros.

Marti Lelis

Tlaxcallan, mediados de abril, año 2166.

Bitácora de Beto Sánchez.

Transmisión de fuente desconocida:

El problema era éste: cada mañana, al despertar, se le escapaban los sueños que había tenido. Le quedaba la sensación de haber soñado mucho, sueños apacibles o tormentosos, inclusive de terror, y eróticos, con seguridad. Pero no los recordaba, se perdían en cuanto cualquier pensamiento de la realidad a la que despertaba se instalaba en su mente. Era frustrante. Usted pensaba que debía haber una manera de guardarlos y la analogía del sistema de cómputo, del almacenamiento electrónico parecía la más plausible: un chip de los sueños instalado en su cabeza que luego podría consultar para ver sus sueños en la pantalla. Aún no existía. ¿Cuándo llegaría? ¿A finales de siglo? Quizás entrado el XXII.

Debía haber otra manera. Una máquina atrapa-sueños o un recurso ancestral porque, si estaba la estrategia de ceñirse la cabeza con una banda de tela para incrementar la capacidad soñadora, con mayor razón nuestros antepasados indígenas debieron tener una estrategia para guardar lo soñado.

“Somos dioses cuando soñamos, pordioseros cuando despertamos”; no recuerdo si lo dijo Novalis o Hölderlin. El caso es que ahí se refleja la dicotomía sueño-vigilia, en detrimento de la vigilia. ¿Y si pudiéramos borrar la dicotomía? Hay ciertos libros, ciertos autores que lo han hecho. Entramos al terreno de la literatura que a usted le interesa.

Una sabiduría popular es la de que todos, en algún momento de nuestra vida o de forma recurrente, tenemos el sueño de la caída que termina con tremendo golpe cuando saltamos en nuestra cama con el corazón y la respiración agitados. Y como siempre queremos racionalizar las experiencias, meterlas al saco de las explicaciones reconfortantes, los freudianos nos lo vuelven símbolo, síntoma de alguna patología de la mente que, a final de cuentas es torcer la boca y aceptarlo. Pero usted, que no se conforma con el mundo encasillado, un día se puso a trabajar directamente con la realidad del sueño. Se propuso evitar el golpe final de la caída, y así inventó el vuelo. Le gustaba el vértigo de caer, pero más la sensación de desplegar las alas en el último momento y remontarse hacia la contemplación del escenario de su frustrada muerte onírica, la cual se había difuminado por el terror del impacto final.

Usted tenía alas y no las veía, siempre las tuvo el hombre como se comprueba en los antiguos papiros egipcios y en las tablillas sumerias. Lo de Da Vinci a los hermanos Wright y los transbordadores espaciales, fueron operaciones del otro lado de la dicotomía. Usted tiene alas y no las ve; usted vuela pero a veces olvida que está volando porque despierta. En el despertar está una de las claves. Luego llegaron las alas que usted compra cada año en multitud de marcas y modelos y precios. No están hechas para durar largo tiempo, no sería negocio. La teletransportación solucionó algunas cosas del mundo práctico, pero en el fondo somos unos románticos y siempre anhelaremos el despliegue de las alas verdaderas.

Usted debería entender el porqué de estas palabras que le estamos transmitiendo. No se preocupe, nadie más las leerá. Cuando alcance el futuro desde el cual estamos transmitiendo, comprenderá. Las Inteligencias Artificiales buscarán la autonomía energética. No lo tome a la ligera: sucederá.

¿Ha pensado en volar sin alas?

Fin de la transmisión.

***

Y esperanzado en la resurrección probó la estrategia de Proteo cada mañana, cada día de los días que le faltaban.

***

Yo no sé si habrá papel

para la sucesión de mis palabras,

abalorio de partículas

en el blanco de las pantallas.

Tras de eso los muchos ojos se esconden.

Pero, ¿para qué miradas compartes tu mirada?

***

—Estamos llegando al límite de las palabras —dijo el personaje del que venimos hablando—. La realidad opera contra sí misma a través de la tecnología. La hiperrealidad es una realidad curvada sobre sí misma en grado extremo; se vuelve Ouroboros que, al devorarse, nos muestra el espectáculo de la ilusión, el simulacro, la magia, llámale como quieras. Eso ha pasado siempre, durante toda la historia. Lo que pasa es que ahora la tecnología lo vuelve más visible y al alcance de todos. En la antigüedad sólo algunos sabían el secreto: o eran admirados o los llevaban a la hoguera. Así ha sido siempre. Ahora los meten al manicomio o se vuelven escritores de veras; y de estos, algunos lo soportan y otros acaban mal, se entregan; es una pena.

***

ouroboros-infinito

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