A la sombra del poema

A la sombra del poema

Marti Lelis

I

Ni la noche, ni el día.

Quizás lo que duerme o despierta.

Quizás la piedra o el río.

Tal vez las huellas de aire de algo que ha pasado frente a mí mientras me ocupaba —aprendiz de mundos, porfiado niño— en mirar no el árbol, no los cuerpos; en oír no la lluvia, no las cuerdas ni el viento en las agujas; en sentir no la piel, no tu corazón obstinado; en probar no la miel cotidiana, no unos labios ni la sal ni la sangre exhibida; en oler no tu piel de nuevo, no las flores, no el incienso ni en las manos las caricias ni volutas de un incendio. Sino la sombra de lo visto, la imposible sombra de lo oído, lo tocado, lo sentido, la sombra del sabor de tu cuerpo: sombras dibujadas, sombras que son signos y no son más, pero nada menos, que el pretexto (la gota que colma, el copo que desata la avalancha, apogeo de la parábola, el primer aliento, el primer latido), nada más, pero nada menos, que el pretexto para verte despertar por la mañana y no atreverme a decirte que, porque naciste, he nacido.

Y escribo. Siempre solo escribo, y sólo escribo.

***

 / Cosas para el poemario

Fotografía y texto: MLTepozán-acuarela

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