La música y llenar libretas

La música y llenar libretas

(Transcripción: escrito hallado en una vieja libreta azul)

Cuando era niño solía jugar demasiado, fantasear demasiado, inventar aventuras marinas en la pileta de agua, naufragios de cacharros o barquitos de papel que luego rescataba del fondo con un gancho que hacía doblando un clip y atándolo a los carretes de hilo que después me reclamaba mi madre.

A mis 9 o 10 años, por algún motivo que no puedo recordar, comencé a vivir más hacia adentro que hacia fuera. Ya era así cuando papá llevó a casa los primeros libros de Julio Verne.

Walter Carlos Wendy Carlos Bach electonico Switched onOtra cosa que recuerdo es que alrededor de esa edad comencé a aficionarme por la música clásica vía mi padre (otra vez) y un disco de acetato, un LP de Bach en sintetizador que tenía una portada de un tipo vestido a la época de Juan Sebastián con la peculiaridad de estar flotando visiblemente en el espacio con sus tanques de oxígeno a la espalda y un casco que se parecía mucho a la pecera de “chabela” mi pez dorado.

Esto de la música viene a colación porque me dio un tipo de ejercicio que tal vez influyó mucho en la manera en que funcionaba mi mente. Ponía el disco (un L.P. de los de acetato) y entonces mi cabeza también comenzaba a tocar, seguía muy atento la pieza de música y, si por algún motivo, (mi mamá que me mandaba a pedirle a la vecina un poco de cilantro) tenía que dejar mi habitación, de cualquier manera mi mente seguía tocando a Bach.

Había que bajar las escaleras, tocar a la puerta de la señora vecina que para efectos de conveniencia llamaremos aquí la señora López; esperar a que abriera, darle a entender que mamá quería cilantro y no perejil y que sí, que mañana le devolvía su tacita de azúcar; ya de paso m’hijo ¿no puedes ir al mercado a comprarme un poco de cilantro para prestarle un poco a tu mamá? Sí, está bien señora pero fíjese que hay unos chicles en la tienda que me gustan mucho, ándale pues, te compras el chicle. Así que terminaba por ir al mercado, corre que corre porque en la casa seguía Bach abandonado en el tocadiscos. Yo mascando mi chicle y comprando cilantro para  la señora López y subir las escaleras: aquí está su cilantro señora. ¡Aay m´hijo pero clarito te dije perejil! y deja de inflar ese chicle que me pone nerviosa, ándale córrele por el cilantro. Ahí voy de nuevo corre que corre al mercado que por fortuna estaba a la vuelta de la esquina. De regreso aquí está su perejil, anda m’hijo toma la mitad y llévaselo a tu mamá, le preguntas de mi taza y que si  en la tarde quiere venir a tomarse un cafecito.

Todo esto sin dejar de tocar en mi mente el disco de Bach, de tal manera que (y esto me sorprendía y divertía mucho) cuando regresaba a casa podía notar que, asombrosamente, íbamos al parejo el tocadiscos y la pieza que mi cabeza tocaba, sin contar lo increíble que era acertar a llevar perejil cuando mamá quería cilantro y viceversa.

VerneSí, ¿pero todo esto qué tiene que ver con llenar libretas? Bueno, como contaba más arriba, un día mi papá me regaló unos libros de Julio Verne. Eran cuatro tomos empastados en color guinda y con dibujos dorados en bajo-relieve en la portada. La cuestión es que no eran las versiones abreviadas que por lo general se regala a los niños, de esas que tienen más dibujos que texto. No. Se trataba de la versión original traducida. Así que ya se podrán imaginar mi desconcierto con todo un mundo de palabras nuevas y brillantes con que me topé (les recuerdo que cuando me los obsequiaron yo tenía 10 años) Lejos de desanimarme por no entender las palabras, arremetí contra Julio Verne armado con mi Pequeño Larousse Ilustrado y mucha determinación. Recuerdo en especial las palabras “pólipo” y “madrépora” que hasta la fecha me siguen pareciendo luminosas y atrevidas. Con decirles que pronto comencé a larousseutilizarlas como arma contra mis condiscípulos de la escuela primaria los cuales se veían sumamente desconcertados cuando les decía: “no seas pólipo”; o bien: “pareces madrépora”. Frase que me acarreó más de una pelea con el ofendido receptor de mi “ataque verbal”.

Cosas de la niñez.

***

Fin de la transcripción.

 

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