Pequeño cuento del capitalismo tardío

Pequeño cuento del capitalismo tardío

Marti Lelis

 

Érase una vez el hombre que todo lo que encontraba lo metía en una caja. Y la etiquetaba. Comenzó con las cosas pequeñas: canicas, libros, arañas, tuercas y mondadientes. Llenó infinidad. El problema fue cuando pensó en meter cosas grandes. No había cajas de semejante tamaño. Se volvió fabricante de cajas a la medida. Tigres, automóviles, dictadores y artistas: empaquetados. Desde luego, todo mundo comenzó a hablar de las cajas. Fue algo bueno, viral, pero no tan bueno para el fabricante, ya que el móvil que se le había metido en la cabeza, desde un principio, era que podría vender cualquier objeto que estuviera en una caja (bien etiquetada). Además, no era el único que había tenido la misma idea. Era una pandemia. Metieron templos, rascacielos, chozas con indígenas dentro; mares y países, continentes, el planeta entero. Y todo lo vendieron. Cansado de observar el testarudo trajín del hombre, Dios regresó los dados a su caja (la cual de inmediato fue etiquetada y puesta en el mercado). “¡Vaya!”, alcanzó a exclamar cuando una mano bajó la tapa.

***

caja-fragile

 

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