Quizás mañana

Quizás mañana

Marti Lelis

En la penumbra, las tres viejas acercaron sus cabezas al candelabro, encendieron sus cigarrillos. El leve chasquear de las bocas llenó la habitación. Se volvieron a acomodar en las mecedoras, felices por no recordar a quién le tocaba bajar ese día. La casa olía a humedad y parecía una bestia echada, silenciosa sobre el terreno yermo de la finca. Escucharon el ruido que subía y traspasaba la puerta del sótano, un arrastrar de cadenas, una tos seca, un lamento decreciente hasta el silencio. Se miraron por un momento, temerosas a pesar de los cerrojos y candados. Retomaron con premura sus tejidos. Entre humo y estambre, postergaban el momento, resignadas.

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