Meterse en las cosas y las palabras

Meterse en las cosas y las palabras

Marti Lelis

 

Para Lucy y Leo, mis otros “yo”, como decía mi padre.

 

Me acordé que de niño había en casa un televisor de bulbos que funcionaba. Esto me dio una idea para echar a perder un cuento o para escribir esto que no hace falta etiquetar sino leerlo.

De hace ya un tiempo para acá he vivido dentro de un cuerpo que es lo que la gente ve de mí. Pero se va desgastando, la máquina está programada para cierto tiempo. Entonces escribo para que no sólo vean el cuerpo sino para dejar una idea de lo que pasaba cuerpo adentro.

tv antigua (2)Por ejemplo, ayer recordé que en la casa que habité de niño había una televisión de bulbos que aún funcionaba (lo que da una idea de la antigüedad de mi cuerpo). La televisión era un mueble con patas. Yo le sacaba la tapa para ver la incandescencia de los bulbos, y es milagro que no me haya electrocutado porque me gustaba moverle con un desarmador las provocativas ranuras que había en algunas de sus partes que parecían decir “Gírame. Usa un desarmador”. Al primer giro la imagen, blanco y negro de la pantalla, colapsaba hasta formar una línea brillante. Otro giro y parpadeaba o se le iba el sonido y quedaba un rumor como de lluvia. A veces le quitaba un bulbo para mirarlo y saber cómo era un bulbo de cerca. Podía realizar impunemente estos experimentos porque esa tv ya no se usaba; mi padre había comprado una más moderna y más aburrida porque ya no tenía bulbos que sacarle sino transistores donde la electricidad corría sin el bonito detalle de la incandescencia. Aprendí que la electricidad era un río que, al hacerlo pasar por todos esos cables, bulbos, espiras, placas y por el bulbo mayor que del otro lado tenía la pantalla, al final te daba el espectáculo de las imágenes; así que lo lógico era navegar por ese río, convertido en electrón y ver qué pasaba.

Esas eran algunas de mis aventuras, meterme en las cosas o en otros organismos o aparatos y con las lecturas era algo parecido. A veces jugaba a ser un personaje, a veces a ser una palabra, y me buscaba en las lecturas hasta dar conmigo. Ya sabía que me encontraría más rápido si me buscaba en el diccionario, pero entonces me volvería otra palabra. Además que era más divertido buscarme en las historias que leía, aunque no siempre me encontrara.

Este rasgo no lo he perdido. Lo que es antiguo es mi cuerpo. Esto lo escribo para compartirlo, especialmente con mis hijos. Tengo otros “yo”. De nada vale rebelarse contra el tiempo. Hay que ser el tiempo y meterse en la sucesión de palabras; aprovechar que el ser humano inventó varios ríos, como éste que está hecho de las palabras que habito.

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