Escrito del que cuenta

Fragmento LXXXV

Escrito del que cuenta

(Fragmentos para una poética)

Marti Lelis

 

El problema de mis cuentos es que no son como dijo Poe, ni cuentan dos historias, como dijo Piglia, como dice el canon; la primera de las historias no es secreta, y la otra, por supuesto, no es visible, aunque debiera; ¿cómo, entonces, al final emergerá la secreta para el asombro de tus ojos que habrán seguido la procesión de las palabras, llenos de esperanza, de amor o de miedo?

Hay algo malo, muy malo en mis cuentos.

¡Y no es lo peor!

También es cierto que he descuidado mis poemas.

Antes sabía desgajar mis escrituras con arte en versos, y quedaban lindos,  como para ponerlos de ejemplo en un manual que no le debiera nada al de Tomás Navarro, tan pulcros y medidos ellos, y muertos.

Sabía romper los poemas, hasta que una noche me cayó encima la urgencia de llorarlo todo, de repente, de asombrarme todo, sin dilaciones, morirme de pronto sin agonías, bien muerto,  como pagar al contado, como tirarse al mar de un acantilado sin pensar en el filo de las rocas cubiertas por el agua y las almejas. Sin reparar en las rimas internas.

Es verdad, la Odisea la leímos en prosa, a falta de griego. Crecimos sin apuro pensando que el regreso era una novela. Hasta que nos dijeron que en un principio fue un poema y luego Joyce, quien también escribió poemas que se le desgajaban hasta dar con Ulyses todo el tiempo, y le llamaron novela.

Yo no sé si ya estoy preparado, si treinta años de amanuense de mis ocurrencias, si treinta años de lectura no siempre maliciosa y atenta, si basta con ello. Porque me di cuenta que la corrección no bastaba para cultivar orquídeas negras; jamás encontré pepitas de oro en las playas y era ridículo, sobre todo ridículo, flagelarse hasta la sangre o enamorarse perdido en unas blancas manos bellas con labios de fruta, y amar para siempre en las palabras donde yo notaba mi ausencia. A mitad del retorno me di cuenta de que, en cuanto ángel, toda escritura es terrible pues lucha con el tiempo, casi demonio, daimon, nahualli, chamán habitante de mi cuerpo. Me di cuenta, pero ya era tarde. Nunca he visto ríos regresando a su montaña.

Esto lo volveré cuento o mejor poema. No burlarse si le digo novela. Son sólo escritos donde canta el que cuenta.

***

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