Materia dispersa #2

Materia dispersa #2

23 de marzo, 2020

Para los que no me habían leído antes, en los Escritos de las cinco de la mañana que solía escribir, le di vida a un personaje que se llama Beto Sánchez, vive en el siglo XXII en la ciudad imaginaria de Tlaxcallán, y recibe mensajes del XXVII para que lleve a cabo una tarea. En su tiempo venden alas individuales como ahora podemos comprar pequeños y económicos teléfonos celulares con facilidad. En realidad es un personaje en formación que me sirve para seguir escribiendo el que ya veo como un interminable proyecto de novela o de no-novela (este término de la “no-novela” se me ocurrió para ponerle un nombre a lo que escribo porque nunca me ha gustado la función “encasillante” de los géneros literarios que llegan a limitar las posibilidades de la imaginación. Claro que esto lo digo desde mi lado de creador y no desde mi lado crítico o académico, porque, vaya que son útiles —para el crítico, para el académico— las clasificaciones, cuando no se vuelven absurdas).

Pues bien, hoy que salí a comprar alimento para los gatos, fui pensando en el camino —y pensar para mí es otra forma de la escritura— en escribir otro poco sobre Beto Sánchez, otro fragmento de su bitácora, permeado ahora por nuestra situación actual ante la pandemia. De paso, comento que en los centros comerciales hay dispensadores de gel para las manos y sí se ve menos actividad en mi ciudad (Tlaxcala, México), pero sin llegar a la parálisis. Recién comienza hoy la que se ha llamado “Jornadas de sana distancia”. Sería apenas nuestro “Día 1” (aunque veo en redes que muchas personas lo han contabilizado desde la semana pasada porque algunos estamos haciendo una “cuarentena voluntaria”).

Dejo aquí lo que escribí de Beto Sánchez, desde el encierro y pensando mucho en mi mujer, Irlanda, quien es médico y ahora mismo está en su jornada de trabajo en el hospital, en la primera línea de la batalla silenciosa que nos está dando la que he bautizado como la criatura de Wuhan.

***

Bitácora de Beto Sánchez

23 de marzo, 2168

Transmisión entrante. Origen: 2666.

Vemos que comenzará su primer día de aislamiento. No cuente los días. Le puede hacer mal. Tiene sus alas, pero ahora está prohibido salir. Se había acostumbrado a sobrevolar la ciudad, a la rutina de volar a su trabajo a la Biblioteca. No se preocupe, SIBILA tiene organizado muy bien el material físico.

¿Recuerda que en el 2020 crearon los xenobots? Quizás no, no lo recuerda. Ese año pasaron tantas cosas… pero la noticia la dieron las mujeres, la criatura de Wuhan y la crisis petrolera. Ahora nos parece absurdo que hubiesen tardado tanto tiempo en resolver el tema de las fuentes de energía, habiendo tanta luz solar y tanto en la materia dispersa. Fue el año en que se concentraron en sí mismos, para llegar a los demás y al planeta. Usted ya sabe. Usted sobrevivió. Ahora nadie muere si no es su voluntad. Pero, ¡felicidades!, ubicó al viejo de los libros; justo aún vive en ese año. Ya sabe, tiene que hallar la forma de comunicarse con él para que, a su vez, busque en el XX. Hay trabajo por hacer.

Pronto le daremos lo necesario para que usted también pueda transmitirnos sus hallazgos. Si sale, cuídese de los drones Federales, en su año siguen teniendo comportamientos erráticos, claro, sin compararlo con el horror de los del XXI.

Plagas siempre ha habido, y habrá, pero recuerde: Utopía sigue siendo su planeta, la Tierra. ¿Ya levantó la mirada al cielo hoy?

Fin de la transmisión.

***

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