Materia dispersa #3

Materia dispersa #3

Marti Lelis

Llamarán de nuevo las campanas

 

“Algunos de mis amigos latinoamericanos aseguran que debemos regresar a las tradiciones tribales ancestrales, etcétera. No. Mantengo mi marxismo en este punto. Debemos atravesar la modernización capitalista radical. No hay vuelta atrás”.

“Gradualmente nos estamos volviendo conscientes del grado de control del internet, ¿quién controlará el espacio digital? Es una de las grandes batallas de hoy en día… Creo que este espacio digital no es bueno o malo. Es simplemente un plano de lucha.”

Slavoj Žižek

***

¿Qué pasaría si en medio de la pandemia llegara el apagón digital; si los servidores que mantienen funcionando internet y telefonía dejaran de funcionar?

Llamarán de nuevo las campanas para congregar a las personas.

Llamarán de nuevo las campanas para informar de viva voz.

Llamarán de nuevo las campanas para repartir el alimento. Llamarán.

       Ya no leeríamos al filósofo, ni sabríamos que su libro está en preventa a punto de salir al mercado. Deambulará por las calles desiertas, tocando una campana para que acudan a escucharlo en alguna plaza. Una parte de la tribu estará en el campo; otra parte estará en sus cuevas, en sus chozas, en sus penthouses, ateridos por el miedo, esperando que pase la mortandad.

“¿Quién toca la campana?”, se preguntarán. “¿Serán noticias?, ¿será alimento? Alguien, asómese a ver quién es”.

Se asoma: “Es el filósofo”, dirá.

Y otra voz: “Déjenle en la puerta una manzana, agua, pan, debe estar cansado y hambriento de tanto caminar”.

***

La vida en cuarentena

I. De las cosas de casa, de caza

Aquí todo fue quedarse en casa. Ya por entonces iba herido de letras y el suero de los libros me caía gota a gota con cada palabra leída.  Años sobre años. Y para qué. Tal vez para esto. Ya tenemos nuestro fin del mundo y nos hemos encerrado en casa (hay tantos fuera). Desde las colinas puede verse la ciudad en la hondonada. No sé con quién hablo, quién es el otro torturado y leve de cuerpo que me acecha. Debo ser yo. Habré de calmarlo con lo que esté a la mano, porque no hay que salgo, que deambulo, que me voy: no, aquí todo es quedarse. Y a la mano siempre los objetos. La mano oficia para los ojos nuevas maneras. Cuántas cosas hay que no sabemos. Increíble el contenido de una casa cuando afuera el miedo. Abrimos cajones, buscamos en el ropero, cuántas cajas de otros tiempos, cuántas almas, cuántos libros, qué silencio. De las cosas —de cualquier objeto— está por decirse casi todo, no se agotan para ellos las palabras, tan colmados de ellos mismos. Nombrarlos, definirlos, describirlos, piezas de caza, de casa, y la palabra arco y flecha para la mirada hambrienta, para el otro sin sosiego. Silencio. Las manos se han prendado de un objeto, ya lo tienen sobre la mesa, bajo el haz implacable de una lámpara, ya lo tienen. Ahora niño, ahora, niño, abre los ojos. El mundo comenzará de nuevo.

***

2. Vida con los objetos

Es crucial la convivencia con los objetos. Ahora que no sales, los habrás de mirar. Darle a su quietud la dignidad de un espejo y mirarlos: ¿quién es el reloj, quién la manzana sobre la mesa, y la mesa? ¿Quién es la canica que encuentras en un cajón y los frascos de la cocina? Los damos por hechos. Son palabras en el diccionario ejemplificadas por el que sostienes en la mano. Pero, de cualquiera que se te ocurra, apenas se ha dicho casi nada. No están petrificados (aunque sean piedras). Los objetos guardan un secreto. Estuve treinta años mirándolos, inmóvil para actuar por simpatía. Era un desafío. Fue mi cuarentena. Si no te mueves, no me muevo; he de mirarte hasta que algo nos traicione, a ti o a mí, te hablo a ti, simple florero, no me arredra tu mutismo, tu estar quieto. Yo sé, yo sé: la casa donde estás, florero, también es un objeto y me contiene. Pasaron los treinta años y al fin me moví. Tuve que sacudirme el polvo, librar mi cuerpo de telarañas. Fue de mañana. Entonces comencé a escribir. De ustedes no se ha dicho, casi, casi nada.

***

Plañido del zombie

Siempre hemos estado aquí. Es el maldito virus el que nos quita la invisibilidad.

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smart
Fotografía: Marti Lelis / “Objetos”

2 comentarios sobre “Materia dispersa #3

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