Todos, nadie

Todos, nadie

Marti Lelis

El toque de queda nos tomó por sorpresa en La Flor, con los guisquis a medias y los cigarrillos en las muescas de los ceniceros. La sirena propaló un gemido lánguido que debió escucharse en todo San Juan y estremeció las vidrieras y las botellas del bar.

Nadie había tomado en serio la advertencia. Prueba de ello era que, incluso Fernán, nuestro detective-poeta, llevaba rato en la barra bebiendo desaprensivamente agua mineral y fumando Luckies, elucubrando, quizás, la solución de su caso en turno.

Nos miramos con los vasos detenidos a mitad del viaje a la boca. La sirena se fue apagando y afuera la oscuridad sólo era superada por la magnitud sobrecogedora del silencio. Sólo en La Flor había luz.

Nadie se había movido de su lugar cuando escuchamos las botas en la calle, a paso veloz, acercándose hasta la entrada donde se detuvieron. Pasaron segundos, que nos parecieron siglos, antes de los golpes rabiosos en la puerta. Nadie se movió. Fernán torció la boca en la barra y sacó otro Lucky con el gesto de quien oficia misa, le dio unos golpecitos contra la uña del pulgar y lo encendió sin prisa.

—Si quieren yo abro —dijo con fastidio; nosotros con un rictus de miedo, algunos, quizás, con la entrepierna mojada.

Afuera ya no se oía nada al momento que Fernán abrió. Lo vimos salir, alejarse, meterse en la oscuridad sin volver la mirada. Nadie cerraba la puerta.

***

Marti Lelis / “Nadie” en A propósito de San Juan y otras miniaturas (2016)

A propósito de San Juan y otras miniaturas (1)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s