Dedos rojos

Dedos rojos

Marti Lelis

No se sabe por qué, pero un día sacó un libro del estante y lo miró con la misma mirada loca con la que suele mirar su móvil. Le rasgó la camisa, le arrancó las tapas introduciendo para ello los dedos en el hueco del lomo y tirando hasta provocarle un gemido; con el martillo y clavos que ya tenía preparados, claveteó las hojas hasta atravesarlo de lado a lado; luego lo desclavó y estuvo pasando las hojas para contemplar el daño, de paso mutiló el índice y varios capítulos. Arrugado, el papel se fue acumulando en el piso. Con un serrucho le cercenó una esquina y era un placer mirar la cascada de triángulos desparramándose de la mesa al suelo. Lo abrió por la mitad y le fue vaciando la pintura roja, primero a gotas, después hilillos. Su corazón alocado y la respiración jadeante, lo hicieron sentir vivo. Más tarde, cuando la pintura había secado, quemó con desgano algunas páginas del último capítulo. Por la noche, se metió a la cama. Fue a la primera página y estuvo leyendo lo que pudo hasta quedarse dormido con el libro sobre el pecho, tintos de rojo los dedos.

***

Marti Lelis / Libro de los fragmentos

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