Decálogo de un cuento (o minicuento)

Marti Lelis

UNO. Piense, por ejemplo, en un personaje fuera de lo común, un personaje monstruoso, por decir algo.


DOS. Diga por qué es monstruoso. Dígalo como quiera, con objetividad o involucrándose emocionalmente con lo que describe, la cabeza deforme, inflamada, una cabeza del doble de tamaño que una cabeza normal como podría ser la suya (si es que usted también padece la condición monstruosa). No olvide recalcar que los ojos —si uno logra hacer abstracción del rostro elefantino, los ojos soterrados bajo los párpados abotagados—, son unos ojos dulces que sonríen, o tristes y lloran. No olvide decir que el monstruo puede ser de uno u otro sexo. ¡Cuidado con la edad! La edad y el sexo cambian todo.


TRES. De un plumazo, ponga al personaje en una ciudad; agregue una calle, un semáforo descompuesto y llovizna; un poco de atmósfera. No le ponga impermeable ni paraguas. En cambio, empápele el cabello. Haga chorrear el agua por su rostro y diga que la falda mojada se le pega a las piernas y también chorrea. Si es varón, póngale pantalones. Es de noche en la escena, desde luego es de noche. Pero si usted prefiere el día, haga que sea de día. Es otro mundo posible, y usted lo controla, agregando más o menos dramatismo.


CUATRO. Decida si para el personaje el hecho de estar empapado(a) es una situación feliz o desgraciada. Además, dese cuenta de que no se sabe si la lluvia mimetiza lágrimas (como en la película Blade Runner) y, si así fuera, no se sabe si las lágrimas son de felicidad o de tristeza.


CINCO. Responda a la pregunta “¿Quién es yo?”, formulada por usted o por el personaje. Sea sincero. Aún bajo presión, lo más importante es que sea sincero. Si no sabe quién es yo, no se detenga: escriba, sobre todo escriba.


SEIS. No olvide poner al personaje a hacer cosas. No lo deje pescar una gripe al tenerlo todo el tiempo bajo la lluvia. Y si la pesca, aprovéchese de ello.


SIETE. Ocúpese de inmediato en nombrar las cosas y los personajes; nómbrelas más conscientemente de lo que hasta ahora lo ha hecho, porque nombrar no es cosa cualquiera cuando se escribe un cuento; cuando se titula el cuento.


OCHO. Ahora encuentre el swing (como en el jazz) de la escritura. En papel o pantalla, según prefiera, siga el swing, y escriba con estos ingredientes una novela. También le puede llamar “encontrar el tono”.


NUEVE. Extraiga de la novela el cuento o minicuento. Mejor si son varios.


DIEZ. Una vez en su poder el texto, déjese de escrúpulos: corrija, aliñe, sea despiadado, que no le vaya a temblar la mano. Sobre todo, no olvide que un cuento no es una novela recortada; además, hay novelas que son un cuento exagerado. El monstruo no siempre tiene claros sus motivos.

***

Marti Lelis / De La novela que no / Libro de los fragmentos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s