De la epístola del amoroso

Fragmento CXCV

De la epístola del amoroso

Marti Lelis

Créeme, te lo ruego. Ahora tengo que decirte lo de mis historias: mentira que trafiqué esmeraldas en Colombia, lugar en donde me cortaron el brazo; mentira que el ojo faltante me lo haya vaciado un domador celoso con el látigo que utilizaba para sus leones y mentira que escapé con su mujer, la equilibrista. Las cicatrices en la muñeca no fueron por las esposas que me pusieron en la sucia cárcel de Kabul, sino un intento de suicidio. Lo de mi falta de orejas no lo provocó la tormenta de nieve en la cumbre del Himalaya, yo mismo se las mandé a mi ex para pedirle rescate por mi falso secuestro y sacarle un dinero, dándole, además, un escarmiento por salir a escondidas con el sastre. Las piernas no las perdí en Irak al desactivar fallidamente un auto bomba para los marines: me caí del tren que me llevaría a la frontera para cruzar el Río Bravo.

       Pero, si aún con tan pernicioso defecto y mis carencias, me amas, puedo hacer que me manden a tu casa. Entonces te contaré lo de los diamantes africanos que tengo aquí conmigo y, sobre todo, lo del viaje que haremos a ver al cirujano, en Dubai, que me hará los implantes; lo de las milagrosas prótesis alemanas que me pondrán en Múnich y me dejarán listo para entibiar tus sábanas.

***

Marti Lelis / Libro de los fragmentos

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