Relectura: la cofradía del placer

Relectura: la cofradía del placer

Marti Lelis

Releer textos literarios significa que has caído en las redes voluptuosas de los adictos al placer. El niño que solicitaba a su madre o padre que volvieran a leerle el mismo cuento de ayer, lo hace por placer. Por el mismo impulso placentero, el niño pide que alguien lo enseñe a leer porque quiere releer por sí mismo la misma historia que ha escuchado una y otra vez.


El niño crece y con él o ella crece su apetito lector, busca repetir la misma experiencia placentera en otros textos y, cuando los encuentra, los relee. Sin percatarse, se ha vuelto un joven lector y sigue releyendo en busca del gozo. Ya le han dicho también que otro tipo de textos se leen para obtener conocimientos y aprendizaje, pero el joven sigue leyendo lo literario en secreto y con fruición.


No por otra cosa releen literatura el adulto y el viejo. No nos cansamos de gozar. Cierto que muchas relecturas de esta etapa se hacen para enmendar las primeras lecturas apresuradas de la juventud, pero qué sorpresa al encontrarnos nuevamente con la emoción primera, saboreada con el paladar entrenado de la experiencia.


De vez en vez volvemos a los libros de la infancia o juventud, para comprobar que ya los llevamos en la memoria y releer es recordar. Pero somos sibaritas y leemos libros nuevos para elegir los que habrán de releerse. Y si tuvimos hijos y si tuvimos nietos, también a ellos, leyéndoles historias, los inscribimos en la cofradía del placer.

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Marti Lelis / Libro de los fragmentos

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