Carta hallada al borde de una fuente

Fragmento CLXIV

Carta hallada al borde de una fuente

Marti Lelis

Querida desconocida:

     Te escribo porque no he podido conocerte, porque aquí desde donde te escribo todo es pequeño: estoy metido en una cáscara de nuez en la que cabe todo el mundo. He sabido, en sueños, que no me miras con indiferencia. Lamentablemente soy más caracol o tortuga que halcón o gacela.

     Fíjate que he soñado con tus manos tejiendo una bufanda tan larga y llena de pliegues como una carretera en la montaña. También te veo en mis sueños mientras caminas desnuda hacia el mar; la espuma de las olas te rodea los muslos y tú te inclinas a sacar un pez del agua que permanece apacible entre tus manos, como si eso no fuera estar muriendo un poco.

     Me gustaría encontrarte en el parque, recargada en el borde de una fuente, mirando las hojas que han caído al agua; y entonces te susurraría al oído que en el agua hacen falta peces para tus ojos.

     No lo sé. Quizás tu vida es un ritual para ver si nos hallamos. Eso explicaría el quedarte sin aliento ante la tela de una araña o con un gato debajo de las caricias de tus manos.

     Es una tontería, ya ves, este andar sin ti, contenido en una cáscara de nuez, a la espera de un par de labios que murmuren un conjuro.

     Pero, anda, vuelve a los rituales, y yo a mis sueños. En una de esas, nos hallamos.

***

Marti Lelis / Libro de los fragmentos

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