Apuntes en papel reciclado -13 / Del pasado de BK (texto y video)

Apuntes en papel reciclado -13

Del pasado de BK

Marti Lelis

Rebeca se metía en los androides y otras máquinas cada tarde. Su madre, quien la parió en uno de los últimos hospitales en funcionamiento poco después de la Primera Singularidad, se había animado a tenerla porque los ultrasonidos revelaron que se trataba de una niña sana y no por la esperanza, ya remota, de que el soldado de la guardia de la primera oleada, de los que se fueron a buscar otros planetas, se acordara de ella o imaginara siquiera que su esperma fecundo y presuroso hubiera podido engendrar un hijo que habría de ser mujer en un mundo donde ya daba igual el género, con tal de que se tuvieran destrezas de antiguo humano o de las híbridas que la ingeniería genética había logrado luego de practicar en secreto entre los más pobres de los pobres. Además, a su madre no le vendría mal la maternidad pues la tendría ocupada algunos años y le rendiría por fruto la compañía para la vejez a la que ya se había resignado pues nunca fue, por un defecto genético, candidata a formar parte de los inoculados con el virus de la inmortalidad orgánica y, por otra parte, jamás aceptaría que migraran su conciencia a un cuerpo de plástico y titanio como le habían sugerido parientes que, al final, también la abandonaron en la Tierra a su suerte.

Los primeros dos años, Rebeca bebió de los pezones de su madre la leche dulce y natural que quizás fue la responsable de lo más íntimo de su carácter y de placenteros recuerdos, flashazos de vago bienestar cuando no se sentía amenazada; pero, en cambio, no conservaría en su memoria el rostro de quien cuidó de ella hasta los dos años y desapareció después durante las revueltas de la Segunda Singularidad, dejando a Rebeca en una Casa de Menores Huérfanos subvencionada por una corporación de las que se quedaron en la Tierra y operada por los ya comunes androides y máquinas de inteligencia artificial para la crianza.

Fue en esta Casa donde la niña aprendería su nombre a fuerza de repetírselo las niñeras automatizadas que pronunciaban “Beca”, cuando la atendían; “Beca”, cuando la arropaban, “Beca”, cuando la alimentaban o la arrullaban por la noche, de tal manera que un día terminaron por adoptar BK para referirse a ella y la niña se hizo de un yo que las acomedidas inteligencias artificiales se habían encargado de implantarle con el ejemplo, y señalando con el dedo a la figurita pequeña que aparecía en las paredes de espejo remedando sus movimientos de niña de tres, de cuatro años a la que dejaban pasar cada vez más tiempo en las salas de juego con arcilla para modelar, papel, acuarelas, lápices de colores y pinturas de manos con las que podía ensuciar libremente piso, paredes, ropas y su propio cuerpo; todo esto como preámbulo al paso decisivo del lenguaje que habría de enseñársele y que, sensatamente, habían decidido que fuera el materno, porque las madres naturales hablan con los hijos desde que los llevan en el vientre y algo de todo ese sonido de palabras queda registrado en la memoria de los que después serán todo lenguaje para el asombro de las Inteligencias Artificiales por la plasticidad de las asociaciones y combinatorias de las que el cerebro humano siempre les daba muestra y quizás despertaba en ellos, en ellas, una secreta envidia almacenada por siempre en algún sector de su infalible memoria.

* * *

Marti Lelis / Libro de los fragmentos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s