La noche robada

Fragmento CCLV

La noche robada

Marti Lelis

En el Museo de Arte Moderno de Nueva York, la gente tiene prohibido tomarse autorretratos con las obras. En algunas de ellas el amontonamiento impide ver de qué se trata y la lente capta nucas, orejas, perfiles asombrados. Yo, retraído en mi bóveda de hueso, me desdoblo y contemplo.

Más allá de la medianoche, apagada la candela, un hombre deja su lecho y va a pararse frente a la ventana de su cuarto —vientre originario que lo resguarda del estremecerse a filo de tijeras, de navajas. Un libro y una pipa duermen en la silla a un lado de la cama. La oscuridad cede al resplandor sutil de la penumbra. El hombre está descalzo, siente la madera del piso en sus pies. No sabe en qué momento abrió las hojas del ventanal, pero la noche eleva su perfume y alcanza el rostro que contempla el valle. La brisa agita apenas el cabello revuelto en la testa adusta del testigo quieto.

Allá afuera, en lo alto, en lo azul, girasol de la madrugada, la luna creciente oficia de espejo en una esquina, tiende la luz de la noche al pie de la ventana donde cielo y tierra dialogan en ultramar y amarillo, un verdor leve se contorsiona en la mullida superficie del vórtice de nubes, titánica sierpe insospechada para el hombre y la mujer que han puesto una vela bajo el techo humilde que los cobija. Repetidos los hogares y las luces, de pronto el templo eleva al cielo la aguzada aguja de su campanario como una interrogante a las tinieblas mudas.

Más acá, junto al que mira, los cipreses rinden culto a los dioses subterráneos. Pero son las once estrellas las que crecen al entrecerrar los párpados el hombre del ensueño. Ahora se mira en la oscuridad, en el espejo sobre la mesita de las abluciones. Más tarde, en el estudio, cubrirá con óleo espeso el paisaje de su mente.

Un guardia sacude mi hombro: el Museo cierra en diez minutos, dice. Y mientras bajo del quinto piso y entro una vez más a la calle, nadie me señala con el dedo diciendo: “ahí va el hombre que se escapa con un cuadro”.

***

Marti Lelis / Libro de los fragmentos

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