De la muerte por agua

Fragmento CLXIII

De la novela que no

De la muerte por agua

Marti Lelis

Vamos para un mes lloviendo, de noche y de día. Fernán dice que estamos viviendo como en un poema adolescente. Dice que las muertes en estos días tienen un “sabor propio”. Se debe a las máscaras de agua de los ciudadanos sin paraguas. No me había tocado saber de una muerta por la lluvia. Los ahogados aparecen casi siempre en invierno, en las fuentes o en cuerpos de agua.

     La de este verano, fue una muerta ejemplar. Elegantemente vestida, empapado el abrigo de piel, mechones de cabello flotando en un charco. Y la lluvia que no paraba. Había que meterse en el impermeable, recuperar las pistas deslavadas, fotografiar el cuerpo, el hilillo de sangre llevado por la corriente que iba a desembocar en un sucio golfo de pavimento y se perdía para siempre en una alcantarilla. Fernán nos dijo: “Fue muerte natural: con esta lluvia interminable, a los temperamentos melancólicos les da por ponerse a tono; entonces se deprimen, lloran, se cortan las venas. Le sentaba bien la máscara de agua. Se veía tan pálida y tan muerta, tan ella misma con su muerte húmeda, tirada en el callejón de los libreros. Sus labios entreabiertos dejaban entrar el agua; los ojos ya no sentían las gotas, miraban apacibles el gris monótono de las nubes”. Eso nos dijo y le creemos, la violencia tiene muchas caras.

     Bebemos en La Flor, nos miramos inquietos, nos cuidamos unos a otros en estos días de lluvia que no para.

***

Marti Lelis / Libro de los fragmentos

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