Aventuras de un proto geólogo

Fragmento de la otra historia donde se cuenta cómo estando con ganas de beber líquidos alcohólicos para mitigar la semisoledad, el juglar renegado despotricó contra la semirealidad y el semidolor de cabeza con que había inaugurado la tarde del viernes. Seguido del acto de alzar en brazos a Gato y tomarse una foto más bien borrosa, pero en la que captó con fidelidad el estado de su alma con esas luces y sombras a medias en las que el Gato se sentía muy cómodo, a diferencia de Fernán que miraba al espejo o a la cámara tratando de recordar qué hacía cuando aún no tenía cuarenta años pero ya pasaba de los veinte.

Seguro que en ese entonces andaba en un remoto lugar de la sierra de Chihuahua, arriesgando la vida, junto con sus compañeros estudiantes de Ingeniería Geológica, por una compañía minera que había ofrecido una buena paga (buena si se era estudiante sin trabajo), con gastos pagados y un cheque esperando al final de una semana de andar caminando y recolectando muestras de arena de los arroyos más inexpugnables de un territorio en donde meterse sin querer en mitad de un sembradío de mariguana o de amapola le conseguía a uno un buen balazo gratis (en el mejor de los casos) o una persecución endemoniada al borde de los desfiladeros

O tal vez andaba en una mina donde la inversión capitalista era cien por ciento mexicana, o sea que había más riesgos para los mineros, menos tecnología de punta y no digamos uniformes y equipamiento moderno; porque de andar a más de 500 metros bajo tierra con el torso desnudo en galerías chorreantes de agua y a más de 35 grados centígrados, nadie le iba a contar al juglar, ni tampoco de la poesía que había en encontrar una caverna plagada de minerales cristalizados como espadas de vidrio, enormes y transparentes como esculturas de hielo, como las fauces de un animal mitológico de esos que andan bajo tierra. Y el horror de escuchar de boca del ingeniero de mina que aquí mismo murieron aplastados por 10 toneladas de roca desprendida ocho mineros que no tomaron las precauciones que se deben y ahí nomás los sacamos hechos papilla tres días después y con las viudas llanto y llanto y pidiendo lo que tenían que pedir, los cuerpos y el dinero para los huérfanos, y sí, claro que sí lo tendrán pero los trámites son los trámites y hay que revisar el contrato y de eso ya van muchos meses, casi años.

Todo eso es lo que se cuenta o se contará en este capítulo inacabado de la vida de Fernán, quien hoy por fin se decidió a tomarse una selfie cargando a Gato, muchos años después, cuando ya todo se ha ido al mismísimo demonio en medio de una revoltura de palabras y más palabras.

***

Marti Lelis / Fragmento de novela impublicable o la Novela que no

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s