De los callados ríos / Marti Lelis

De los callados ríos

¡Y bueno…! Ellos, ellas, nos han dado tantas lágrimas y malas noticias como buenas y como risas. Me gustan las que tienen una hoja o muchas, hojarasca, porque invocan al viento que las levanta, las anima y pueden verse remolinos rumorosos que materializan lo invisible. También me gusta lo que convocan las que tienen flores porque entre pétalos hay que andarse de puntillas y ya se sabe que el amor es cuestión tremenda y delicada; es que la flor es toda sexo y uno va y la mira y se siente en la nuca el soplo que nos alerta cuando ya es demasiado tarde, y entonces hay que recurrir a los extremos: hacer ondear la ropa lavada en la canícula o plantar la fachada carcomida de una casa pueblerina, quizás volverse hermano de las nubes con el estómago vacío, justo como hacen algunos aprendices que usan los mismos zapatos durante todos los años que dura su minuciosa cacería de claroscuros, en medio de gente de oficina que no sabe que necesita estas cosas hasta que las tiene enfrente, enmarcadas en un papel o una pantalla y se deja llevar por los callados ríos que alguien suelta por ahí y a veces les llama poemas o poesía.

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Marti Lelis / Poemario segundo

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