Vida íntima de los libros / Marti Lelis

Vida íntima de los libros

Todos los días, en bata y con pantuflas, se instalaba en el sillón de respaldo alto de su biblioteca y leía. Todos los días, el niño hurgaba en la basura de las casas ricas buscando algún mendrugo. Así vivió realidades amables y terribles, como si él fuera el protagonista. Su cara sucia y los cabellos tiesos, bajo las uñas mugre, sus dedos encontraron un libro entre los deshechos pestilentes. De tiempo en tiempo tiraba a la basura los que ya no leía. Tocó a la puerta y le abrió un viejo en pantuflas, los dos se miraron con un libro en la mano. «¿Tiene más?», preguntó el chico mostrándole el respetable tomo desechado. Era su oportunidad. Lo invitó a pasar, le mostró su vasta biblioteca. Al niño le brillaron los ojos y su estómago hizo ruidos. El viejo le invitó un pan y un vaso de leche. Le obsequió sus amados libros infantiles. En la puerta lo despidió satisfecho y fue a sentarse frente a la chimenea, donde continuó exultante la lectura. El pequeño atravesó el dédalo de calles, y llegó feliz al depósito con su pesada carga, en tanto el viejo ya dormía con una sonrisa. El niño salió del tiradero con un puñado de monedas: ojalá pagaran un poco mejor el papel por kilo, pensó. Y entró de nuevo al laberinto.

***

Marti Lelis / Cuentos para el Colectivo

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