Discurso amoroso del cautivo

Discurso amoroso del cautivo

Marti Lelis

Te miro. Miro que me miras y en tus ojos se pierden los míos, ondulan, se entusiasman con la débil sospecha, apenas un pequeño brillo pudoroso, que de inmediato conviertes en recelo. Sonríes y me cautivas, y por lo mismo te cautivo. Ya no basta el resplandor de tus caireles ni los intentos medrosos por hacer tuya mi cara. No veo el cuerpo que ocultas a mi vista; apenas me regalas un hombro desnudo y visiones fugaces, como un sueño, de tus manos blancas. Ansío el abrazo de tu pasión jamás estrenada, y aborrezco el desdén con que me tratas. Y si tocaras mis ojos, la humedad que los perturba, quizá pudiese ofrecerte un más allá florido y puro, un murmullo perpetuo de aguas mansas, un botón para que en mí germines y rindas los pétalos mullidos de tu aún infancia. ¿Cuánto más? ¿Cuánto tiempo más me dejarás con los brazos abiertos y el cuerpo temblando, regocijado en humedades profundas de reflejos cristalinos? ¿Cuánto más, mi fiel Narciso?

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“Discurso amoroso del cautivo” está incluido en el libro A propósito de San Juan y otras miniaturas

A propósito de San Juan y otras miniaturas (1)

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Eco y Narciso

Imagen: Eco y narciso, por J.W. Waterhouse, 1903

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